Una buena parrillada de marisco puede conjugar tanto Cigalas, Gambas, Gambones, Carabineros e incluso Langostinos, de manera tal que terminemos chupándonos los dedos, y esto… es literal.
Para su elaboración, tenemos primero que lavar las piezas con agua, simplemente poniéndolas bajo el chorro del grifo, y dejarlas escurrir.
Mientras, en una buena sartén o plancha, echamos unas gotas de aceite, el suficiente como para formar una capa finísima que cubra todo el recipiente. Cuando el aceite esté caliente pero sin humear, colocamos una a una las piezas y echamos la sal por encima, preferentemente sal gorda aunque sinceramente, a falta de ésta, la sal fina también hace su buena labor.
Suelen decir, los expertos, que si el crustáceo es de capa fina, el fuego tiene que ser fuerte, y si es de capa gruesa, el fuego lento. En mi opinión, sea la capa como sea, lo ideal es siempre cocinarlos a fuego lento; tardamos un poquito más, pero haciéndolo así, el propio crustáceo soltará un “jugo” que hará de la parrilla sea aún más sabrosa.
(fácil con unas pinzas normales de cocina), y realizamos la misma operación, echar la sal y unos dos o tres minutos… y ya está¡¡¡¡¡
Y como último consejo, cómanlo con las manos pero antes asegúrese de proveerse de un gran número de servilletas de papel.



